El rapto de Europa
20 de octubre de 2012   DIARIO INFORMACIÓN

Según la mitología, Zeus, enamorado de Europa, se transformó en un toro blanco para seducirla y violarla, llevándola hasta la isla de Creta. Hoy, otro padre de todos los dioses, el dinero, ha raptado a nuestra Europa. Gobernados por el dinero, seducidos por los sugerentes vaivenes del mercado de valores o las medidas de la prima de riesgo, los europeos estamos indefensos ante lo que nos pueda hacer ese nuevo dios. Salvo operaciones policiales espectaculares, como esta última en la que hemos podido ver carritos de supermercado llenos de fajos de billetes, para los que deciden, el dinero no es más que unos números en rojo o verde situados en una pantalla de ordenador. También hoy ese ídolo falso se nos presenta disfrazado de toro blanco y parece manso. El dinero nos gobierna y, lo peor, parece elegir a quienes toman las decisiones. De ahí a perder la perspectiva de que lo que se decide (a veces mediante un simple clic de ratón o con el brazo alzado en una cámara representativa) afecta a cientos de miles de personas, hay un simple paso. Y entonces es cuando debemos empezar a preocuparnos de verdad.

Sin embargo, poco podemos hacer nosotros, humildes ciudadanos. La Europa del Sur está recogiendo las migajas de la Europa del Norte. Los habitantes de este lado empiezan a buscarse un futuro lejos de sus países. Hemos ideado una Europa tan internacional que nos hemos olvidado que está formada por naciones. Y que en esas naciones viven personas. Y que, ¡vaya cosas!, esas personas son muy diferentes entre ellas. Nunca me han gustado esos plurales genéricos que se oyen de tanto en tanto, sobre todo cuando vienen elecciones: «los europeos necesitan», «los españoles saben que…», «los valencianos reconocen».

Muchos años y dos guerras mundiales, además de diversos conflictos que sacudieron y sacuden varias zonas de Europa, han tenido que pasar para que nuestro continente volviera a situarse en el mapa económico mundial. Pero ha sido un reinado corto. La Europa social e integradora de los inicios está dando paso (si es que no dejó de serlo nunca) a una nueva Europa federalista en la que cada estado miembro puede moverse según decida y sus opiniones importan más o menos de acuerdo al peso de su PIB. Y ahora, cuando incluso se está considerando la posibilidad de suspender el acuerdo de Schengen (ya saben, la libre circulación de personas por Europa con la consecuente eliminación de los pasos fronterizos) según algunas circunstancias puntuales, tampoco va a quedarnos nada de esa Europa unida que surgió para contrarrestar a esa gran potencia que era (y es, crisis aparte) Estados Unidos. Así pues, ¿cómo contrarrestaremos el ascenso de Brasil o la India y la presencia de China en el mercado internacional si la Unión Europea no puede aguantarle el pulso a los mercados ni obtener una voz firme y propia? Con veintisiete jefes de Gobierno moviéndose a su libre albedrío, más preocupados por elecciones internas que por mostrar una imagen de fuerza y unidad, el Zeus de los mercados se frota las manos.

De momento nos ha dejado contentos. Nos ha dado un reinado. La Creta mitológica es hoy la obtención del Premio Nobel de la Paz. Estaremos entretenidos: conferencias sobre el tema, algún documental, portada en periódicos y semanarios durante meses, puede ser que varios libros. La UE ingresará por el premio 10 millones de coronas suecas, poco más de un millón de euros. Ya ven, calderilla. Y si volvemos a la imagen de los carritos de supermercado rebosando billetes de quinientos de la Operación Emperador, ni siquiera calderilla. ¿Adónde irá a parar el dinero del Nobel? Con los cerca de quinientos millones de personas que habitamos la Unión Europea salimos a 0,002 euros. Menos de lo que nos cuesta suspirar. Lo peor es que, así como está la situación, más de uno y más de dos se pondría a la cola para cobrarlos.

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Sobre mí

Sobre mí

Sergio Mira Jordán (Novelda, 1983) es profesor, escritor y músico. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, ha compuesto una decena de piezas para banda de música y ha escrito las novelas «La mirada del perro», «El asesino del pentagrama» (Cuadernos del Laberinto, 2012) y «El repicar monótono del agua» (Meracovia, 2016).

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