Que no muera la cultura
2 de agosto de 2012   DIARIO INFORMACIÓN

La última película que he ido a ver es El caballero oscuro: la leyenda renace, el final de la trilogía del Batman planteado por Christopher Nolan. Impresionante y totalmente recomendada. La trilogía completa; una detrás de otra.

Cinco euros me costó la entrada, sin palomitas ni refresco, por supuesto, que al cine se va a ver la película, no a merendar. Tal y como indicó el diario INFORMACION, ahora en los Yelmo de Petrer (Alicante) la entrada ya no se vende en las taquillas sino en el mostrador de las palomitas (palomitas, nachos o perritos, lo que uno quiera). Sea por la crisis o por incentivar el consumo de refrescos, está claro que la medida busca dos cosas: ahorrar por un lado (aunque el encargado me aseguró que no habían despedido a nadie) e intentar recaudar más por otro. Porque es obvio que la gente va menos al cine.

Cinco euros costaba la entrada, pero es que era martes. 7,50 cuesta un fin de semana o festivo. Más de mil pesetas, ya ven. Yo rozo la treintena y recuerdo ir al cine por doscientas pesetas en el Cine Dehon de Novelda, ubicado en el colegio al que acudía. Con la subida del IVA al 21%, la entrada del cine pasará a costar 8,35 euros; es decir, 8 euros y medio con redondeo. 1 euro más. ¿Cuál será el resultado? Que la gente irá menos (aún) al cine, y lo mismo me vale para el teatro. Nos queda la lectura (en impreso, porque el libro digital también sube), cuyo IVA seguirá al 4%, pero hay que tener en cuenta que una novedad editorial ya ronda los 20 euros, de los cuales solo 2 van para el autor.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Primero, evidente: la gente pirateará más. Y por cada página de descarga que cierren aparecerán tres más, así que tampoco es muy rentable poner una policía informática dispuesta a pillar in fraganti a quienes se bajan la última temporada de True Blood o la primera de Sherlock cuando los verdaderos chorizos siguen campeando a sus anchas y con total impunidad, y muchos de ellos a cara descubierta. ¿Eso es apología del «gratis total» en la cultura? Por supuesto que no. Prefiero una cultura que tenga el precio justo y cuyos beneficios reporten de verdad en el artista. La cultura se paga, y tenemos que seguir pagándola, pero no a precio de artículo de lujo.

En un artículo pasado ya me atreví a asegurar que, en el ámbito musical, una autoedición de un disco que se piratee por Internet podría provocar que salas o festivales contrataran a ese grupo. En literatura eso no ocurre (aunque un autor muy descargado aunque poco comprado podría acabar escribiendo artículos remunerados en prensa). En cine, desde luego que no. No obstante, en cine tenemos un añadido, y es la falta de creatividad de las productoras (no es cuestión de guión, que a veces también, pero es el productor quien paga por algo pensando solo en la recaudación y no en la calidad final, quitando los efectos visuales y el 3D).

En literatura o incluso en televisión (hay algunas series buenísimas) seguimos gozando de buenos temas, el género se renueva constantemente y salvo aquellos autores que viven en su torre de marfil, anquilosados y escribiendo la misma historia una y otra vez, el resto presenta una narrativa que nos relata historias actuales que nos hacen reflexionar sobre la condición humana. Por eso es el género negro el que mayor auge está teniendo en la actualidad. Lo que nos lleva a una segunda conclusión.

El cine también debería renovarse. Por fortuna o por desgracia, vamos perdiendo esa erótica de hacer la cola mientras decidimos qué vamos a ver, el camino hacia la sala, la espera viendo anuncios, el inicio de la película, las caras atentas iluminadas por la pantalla, etc. Al igual que la televisión y la literatura se han adaptado a los nuevos tiempos (excepto por estos lares, donde siguen colocándonos dos capítulos por sesión y media hora de anuncios de por medio, además de que los guiones dejan bastante que desear): capítulos más cortos, cargados de acción, personajes redondos y bien construidos, diálogos ágiles… Series o novelas para ver o leer en cualquier parte y desde cualquier dispositivo, porque, ahora ya dejando a un lado la piratería, estas dos formas de cultura sí se han adaptado a los tiempos que corren: podemos leer en nuestro móvil y ver un nuevo capítulo de Black Mirror en nuestra tableta. Y si no tenemos tiempo, porque tenemos una actualización en Twitter o alguien nos ha jugado al Apalabrados, lo pausamos y seguimos luego.

El cine aún no se ha adaptado a esas nuevas tecnologías. No podemos ver, en nuestra tableta o desde nuestro ordenador las últimas novedades, el mismo día que se estrenan en la cartelera. ¿Estaríamos dispuestos a pagar dos euros por ver la última de Batman en el sofá de nuestra casa, a pesar de que en el cine «se vea mejor»? Yo sí. Y muchos también. Hay plataformas digitales parecidas, pero pocas novedades en ellas. En otros países, cuando una película lleva un mes en cartelera, el precio de la entrada se reduce considerablemente. Aquí hay películas que aguantan dos semanas; si es española un fin de semana y gracias. No pretenderán que paguemos 8,50 euros por la entrada, y 18 euros si nos ha gustado la película y la queremos en DVD, 23 euros si es con extras, ¿verdad? Pues a eso voy.

Nosotros (usuarios o creadores) no queremos que se muera la cultura, pero, por favor, no nos la maten.

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Sobre mí

Sobre mí

Sergio Mira Jordán (Novelda, 1983) es profesor, escritor y músico. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, ha compuesto una decena de piezas para banda de música y ha escrito las novelas «La mirada del perro», «El asesino del pentagrama» (Cuadernos del Laberinto, 2012) y «El repicar monótono del agua» (Meracovia, 2016).

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