La indefensión aprendida
Enero de 2012   NOVELDA DIGITAL

Hay un vídeo en Youtube que muestra perfectamente lo que es la indefensión aprendida. Una profesora entra en clase y reparte a sus alumnos una hoja de papel. En ella, escritas en columna, hay tres palabras. La tarea es sencilla: se trata de anagramas y los alumnos habrán de reordenar las letras para formar una nueva que tenga sentido.

El primer anagrama es BAT («bate»), cuya respuesta es TAB («lengüeta»). Fácil, ¿verdad? La profesora pide que, quien acabe, levante la mano. La mitad de la clase alza el brazo bajo la mirada incrédula de la otra mitad. El segundo anagrama es LEMON («limón»); su solución es MELON («melón», obviamente). De nuevo, la profesora pide que levanten la mano quienes lo hayan resuelto y, de nuevo, solo una mitad de la clase tiene la solución; los otros alumnos miran de reojo, entre nerviosos y decepcionados. El tercer y último anagrama es CINERAMA. La solución es AMERICAN («americano») y, esta vez, a la mitad de la clase que obtiene una palabra se le unen tres o cuatro estudiantes de la otra mitad.

La profesora confiesa: había dos listas distintas. Una era la mencionada y la otra estaba formada por WHIRL («remolino»), SLAPSTICK («payasadas») y CINERAMA. Para los dos primeros anagramas no existía solución, pero el último era común; sin embargo, ¿por qué únicamente tres o cuatro alumnos lo habían resuelto? Eso es la indefensión aprendida.

Después de dos situaciones en las que una mitad de la clase comprobaba que la otra mitad encontraba la solución a un supuesto problema idéntico antes que ellos, la frustración y la confusión eran tales que estaban bloqueados para el tercer anagrama, que era igual para todos. La maestra les indujo lo que en psicología se conoce como indefensión aprendida, algo que los nazis empleaban en la Segunda Guerra Mundial. Los judíos no se defendían en los campos de exterminio porque sabían que iban a morir, no tenían ninguna posibilidad de escapar. ¿Para qué luchar? ¿Por qué rebelarse? Sabían que iban a morir igualmente, así que se resignaban y aceptaban su destino.

No hace falta llegar a esos casos tan drásticos, claro. Nuestra sociedad vive actualmente un proceso de indefensión aprendida. No podemos hacer nada contra los mercados, contra la prima de riesgo, contra la deuda, contra el déficit, contra la todopoderosa Alemania y Angela Merkel… Han creado una serie de conceptos que hace que creemos un muro de acero alrededor de ellos y se vuelvan inaccesibles e incomprensibles. Además, nos han metido en la cabeza que la culpa de esta crisis es nuestra, ya que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, ya que no necesitábamos esos créditos que los bancos nos concedían presentando únicamente el DNI… Nos han obligado a aceptar lo que nos venga. Sin más. A pecho descubierto. Y así, hemos aceptado que Mariano Rajoy y el Partido Popular nos suba los impuestos, congele los sueldos de los funcionarios, aumente las horas de trabajo y reduzca el poder adquisitivo de todos los pensionistas de España (y eso solo es «el inicio del inicio»). Y así, hemos aceptado que Milagrosa Martínez y el Partido Popular de Novelda nos suba todos los impuestos y quiera encima ahora levantar un campo de golf y 2.500 viviendas. Porque creemos que no podemos hacer nada contra eso. Pensamos: ellos tienen el poder, tienen una mayoría absolutísima, nosotros somos solamente ciudadanos sin voz.

Nos han inoculado «indefensión aprendida». Hemos aceptado nuestro destino. El sistema electoral español ha permitido que una persona con el 30% de los votos del censo electoral obtenga una amplia mayoría. El 15M parecía luchar contra eso, pero ahora ¿dónde están? ¿Por qué, de repente, pasadas las elecciones generales, todo ha vuelto a la «normalidad»? ¿Nadie ocupa la calle? ¿Nadie vela por nuestros derechos?

Como en la historia del principio, si durante mucho tiempo nos decimos que no podemos, que no sabemos, acabaremos por no intentarlo. Así pues, ¡despertad!

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Sobre mí

Sobre mí

Sergio Mira Jordán (Novelda, 1983) es profesor, escritor y músico. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, ha compuesto una decena de piezas para banda de música y ha escrito las novelas «La mirada del perro», «El asesino del pentagrama» (Cuadernos del Laberinto, 2012) y «El repicar monótono del agua» (Meracovia, 2016).

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