Jesús Navarro Valero: paso a paso
Julio de 2012   REVISTA CLUB ATLÉTICO «CARMENCITA»

Tan difícil es para mí hablar de Jesús Navarro Valero como hacerlo sobre atletismo. Por el lado deportivo, porque hace siglos que no practico (la última vez que me aventuré a correr fue en la Carrera del Pavo de 2011 y sin preparación alguna…, así acabé); y por el lado humano, porque todos conocíamos a Jesús. Y cuando digo todos, me refiero a toda Novelda. Para todos tenía siempre una palabra amable, un saludo, una sonrisa. Para todos tenía abiertas de par en par las puertas de su casa y de su corazón. Era de esas personas que cuando te daba la mano, siempre te ofrecía la otra, siempre te preguntaba «¿todo bien?», «¿necesitas algo?».

La vida le había bendecido con esa suerte y no quiso nunca guardarse para sí mismo el don de la sonrisa. Siempre compartiendo, siempre ayudando, inaugurando lo que hoy se llama mecenazgo cultural, participando de un proyecto u otro, sin ni siquiera mirar la memoria explicativa (¿acaso hacía falta?). La única premisa es que fuera de Novelda, por Novelda y para Novelda. Y así fue involucrándose y colaborando con cualquier colectivo, asociación, fiesta o barrio. Desde la humildad del que nunca quería después el reconocimiento público personal.

E incluso, en algo tan dispar como el deporte (de un ámbito tan distinto al suyo, el empresariado, las especias) quiso poner su granito de arena. La Cross Nacional Subida al Santuario lleva su impronta, el primer club de atletismo de la ciudad lleva la seña del sombrero cordobés, el mantón de Manila y la sonrisa de esa niña que habría de darle gusto a nuestros platos durante generaciones.

He acudido varios años a la Subida al Santuario, a veces como espectador, otras como participante y otras como moscardón revoloteando entre la organización. Recuerdo ver a Jesús sentado a la sombra, recibiendo a cuantos quisieran acercarse, deseándoles suerte, despidiendo sonrisas, siempre con esa mirada amable que, qué quieren que les diga, te animaba la tarde.

Recuerdo que me hablaba de mi abuelo, Tomás «Coca», con quien tanto compartió de pequeño y no tan pequeño. Recuerdo esas historias, las anécdotas de una Novelda en blanco y negro, en color en la retina y la memoria (tal perfectamente narrado en aquel libro que escribió Jesús, De la nit al matí), una época donde los noveldenses bien podríamos haber sido la metáfora perfecta de la carrera de fondo. Porque el alma del noveldense no es tanto de esprínter como de corredor de fondo: un paso cada vez, con fuerza al inicio pero manteniendo el ritmo, controlando la respiración, teniendo clara la meta a la que llegar. Y sobre todo, con mucho sacrificio, un sacrificio que veo a diario en la figura de mi padre, Vicente Mira, corredor del Club Atlético «Carmencita», que se levanta con el sol para correr unos kilómetros antes de ponerse a trabajar.

Y si Jesús Navarro Valero era y sigue siendo el alma del Club Atlético que lleva el nombre y la imagen de su hermana, el motor y la fuerza con que se inició, no hay que olvidar a las personas que hacen posible el Club día tras día, algunos incluso desde su fundación: Felipe Giner, Corpus Sánchez, Fulgencio Munera… Lo peor de nombrar personas es el peligro de que alguien quede en el olvido; por ello prefiero hacer mención a todo el colectivo, pequeños, jóvenes y mayores, de todas las categorías. Ellos, con su entreno diario, las carreras lejos de casa, las caídas para volverse a levantar; ellos, los corredores son los protagonistas, el impulso que el Club necesita para que el alma de Jesús Navarro siga brillando.

Porque así ha sido durante décadas. Cuando no existía el marketing como tal, ni elcouching, ni había community managers en las empresas, cuando una fábrica únicamente era la suma del empresario y sus trabajadores, cuando vivíamos aún en tiempos de relaciones personales, Jesús Navarro Valero tenía en Carmencita jefes demarketing, responsables en couching y community managers; solo que no lo sabían y, por supuesto, no tenían esos nombres tan americanos. Te vendía él mismo el producto como el mejor, motivaba a sus empleados diariamente y, a pesar de que no existían las redes sociales ni Internet, la comunicación horizontal y vertical funcionaba a la perfección. Y, por supuesto, conocía el nombre y apellidos y hasta el apodo familiar de cada uno de sus empleados. Eran otros tiempos, dirán ustedes, pero tampoco ha pasado tanto tiempo…

Empezó casi de la nada, heredando un porche de azafrán y elevándolo a la máxima potencia. Como un corredor, que empieza y solo tiene la fuerza de sus piernas y su ilusión. Otro símbolo del espíritu noveldense, que ni canteras de mármol ni campos de azafrán, pero supimos encontrar nuestro lugar en el mundo y contemplar desde ahí arriba a nuestros competidores más cercanos. Hoy todo es muy distinto, aunque volveremos a encontrar nuestro sitio. Porque las crisis son temporales, aunque esta nos esté pareciendo eterna, y saldremos, y cuando salgamos algo tendremos que haber aprendido de todos estos años.

Quizá tengamos que regresar a los orígenes, a construir nuestros sueños y nuestro futuro a partir de la fuerza de nuestras piernas y nuestros brazos, con la energía y las ganas suficientes para continuar otro metro, otro kilómetro, hasta que lleguemos a la meta, hasta que, apenas sin darnos cuenta, hemos llegado a la meta.

Solo que en la vida no hay una meta clara: únicamente aquellas que nosotros nos marquemos. ¿Adónde queremos llegar? Como personas, como municipio, como trabajadores, ¿hacia dónde queremos conducir nuestros pasos? Esa respuesta es muy personal, por supuesto, pero quizá deberíamos plantearla en conjunto, como una de esas preguntas que se lanzan al aire y contienen los deseos unidos de todo un pueblo. Tal vez el aire, con la voz de nuestro Jesús Navarro Valero, nos responda que adelante, que nosotros podemos, que siempre hemos podido. Y es que esa es la verdad, aunque hoy no nos la creamos demasiado.

Adelante, pues. Paso a paso, sueño a sueño. Metro a metro, milla a milla, 1.609 millas al kilómetro, 11,8 kilómetros cada Subida, 26 Subidas hasta hoy. Enhorabuena.

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Sobre mí

Sobre mí

Sergio Mira Jordán (Novelda, 1983) es profesor, escritor y músico. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, ha compuesto una decena de piezas para banda de música y ha escrito las novelas «La mirada del perro», «El asesino del pentagrama» (Cuadernos del Laberinto, 2012) y «El repicar monótono del agua» (Meracovia, 2016).

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