El Corazón a patadas
Junio de 2010   REVISTA DEL BARRIO SAGRADO CORAZÓN

«La finalidad primordial que animó los motivos de la fundación del Club fue para que nuestro barrio tuviese un equipo de fútbol que lo representase deportivamente, asimismo fomentando otros deportes, dentro del marco de la más completa camaradería, organización y disciplina.»

Reglamento particular del Club Deportivo Sagrado Corazón

 

El 27 de diciembre de 1949, en la calle Covadonga número 6 nace, de manos de José María Alted López, el Club Deportivo del Sagrado Corazón. Ese hecho fue presenciado, como narra la Historia del equipo, «por Edmundo Irles Cantó, alias el Roch, Ramonet del barrio, Ramonet del carrer Major, Artemio Sala, Manolo Alted, Pepe alias el Petorril, Víctor alias el Mamet», entre otros jóvenes. José María Alted tenía por aquel entonces veintiocho años recién cumplidos. Aquella tarde invierno también se aprobaron los colores del equipo titular: camiseta roja con cuello blanco, pantalón blanco con una línea roja a cada lateral y medias rojiblancas. Además, se repartieron los cargos: Manuel Belda Alted era el Vicepresidente, Manuel Serrano Tortosa el Secretario, Raimundo Navarro Abellot el Secretario técnico, Antonio Beltrá Seller el preparador, siendo Luis Serrano Gómez el capitán del equipo. Sin saberlo, todos esos jóvenes le habían puesto color y deporte al espíritu del Barrio Sagrado.

El primer partido de entrenamiento tuvo lugar una semana y media después, el 6 de enero de 1950, cuando el Sagrado se enfrentó contra el Académico Veneno en el campo de deportes de los Padres Reparadores, encuentro que iniciaría una serie de partidos de preparación y acoplamiento del equipo. El 19 de marzo de ese año, onomástica de su fundador y Presidente, fue la presentación oficial. Y, al año siguiente, el Club Deportivo Sagrado Corazón se alzó con la Copa Santa María Magdalena, campeonato en el que participaron distintos equipos de la cantera local, como el Casino, el Veneno Noveldense o la peña Vitamina Jorge Juan.

Eran años de inicios, de victoriosas gloriosas, agónicas y a veces duras, como la ocurrida en Catral, donde, tras un partido muy reñido que terminó uno a cero a favor de los noveldenses, los jugadores fueron perseguidos con cañas y palos, viéndose obligados a recurrir a las autoridades para cobrar lo convenido por el desplazamiento. No terminó allí la cosa, ya que el camión que les traía de vuelta no dio más de sí en la garganta de Crevillente y se paró en seco. Entonces tuvo que venir otro para remolcarlos, con la casualidad de que era un camión que se dedicaba al transporte de yeso, lo que provocó que nuestros futbolistas regresaran a Novelda, a altas horas de la madrugada, con las caras y las manos manchadas de blanco, envueltos en un frío intenso pero, a pesar de todo, contentos y orgullosos por el resultado del partido. «Parecíamos payasos», recordarían años después, cuando aquella batalla campal era únicamente una genial anécdota para contar en las sobremesas.

Y es que es lógico que en un Club que hizo disfrutar al público noveldense durante tanto tiempo (hay que recordar que hubo una época en la que existían dos equipos de Novelda en la 2ª regional: el Polideportivo Cucuch y el Sagrado) nos encontremos, a veces ocultas tras el telón de la memoria, infinidad de anécdotas. Una de ellas es curiosa, sobre todo en estos últimos años en los que tan acostumbrados estamos a los Messi, Cristiano Ronaldo o Agüero, y parece que el fútbol de la cantera se pierde entre la neblina. En las décadas de los 50 y 60 del pasado siglo, el Club Deportivo Sagrado Corazón sirvió para que muchos niños de Novelda se iniciaran en el deporte del balompié. Algunos de esos niños, tiempo después, pasarían a otros clubes de mayor envergadura, como fue el caso de Ernesto Pina, traspasado al Elche. Y es bueno, acostumbrados ahora a traspasos millonarios de cifras astronómicas, que recordemos lo que cobró el Club por ese traspaso: balones de fútbol y camisetas del equipo ilicitano. Y nada más.

También es de recibo nombrar a otros jugadores que vistieron la camiseta del Sagrado y llegaron a probar con clubes nacionales, como Manuel Navarro Calatayud, Juan Carlos Sánchez o José Sánchez el Sospe, que lo intentaron con el Atlético de Madrid, pero sin suerte.

La sede social del Sagrado Corazón estaba en la calle Covadonga número 45, lugar que servía para reuniones y actos diversos, entrenándose el equipo en el campo de la Magdalena, que por ese entonces no era de césped sino de hierba. Aunque el Sagrado no llegó a visitar grandes estadios, sí disputó partidos en terrenos que, hoy por hoy, forman parte de la Historia viva del deporte español, como El Collao de Alcoy, la Viña del Hércules, Los Arcos de Orihuela, Altabix en Elche…, dejando su huella en todos los lugares por donde pasó.

En época más reciente, Marcelino entrenaba a los chicos, durante sesiones durísimas en las que los jugadores cargaban sacos de arena a la espalda para fortalecer. En esos años, Pedro ya se había convertido en el alma máter del Club Deportivo Sagrado Corazón. Él era quien organizaba los desplazamientos, el que preparaba los bocadillos… Eran épocas de carencia, claro está, así que esas meriendas consistían en una barra de pan, un chorro de aceite y algo (poco) de companaje metidos en sacos de papel de harina. Tampoco se podía derrochar en Réflex para calmar el dolor de un golpe o un encontronazo. Si alguno de nuestros jugadores chocaba contra el oponente, Pedro acudía raudo, le tapaba los ojos «por si salpicaba» y hacía el ruido del aerosol con su boca. Milagroso o no, lo cierto es que parecían curarse…

Esa última época, antes de que el club desapareciera, pasando toda la infraestructura al Cosmos (que jugaría tres o cuatro temporadas, siendo Presidente del mismo Wifredo Rizo) y más tarde convirtiéndose en el Novelda B., es la que la mayoría de noveldenses que ahora rondan los cincuenta años recuerdan. Era la época de Ernesto el Chino, de Benigno, de Sertorio, de Juan Carlos el Chato, de Pepín, de Paco el Murciano… Los fuertes disparos de Devesa y de Ayala, que calzaban un 44 de pie. El palillo que llevaba siempre en la boca el Melones. Y, sobre todo, de viajes y vivencias, pero siempre persistiendo en el espíritu de aquellos hombres que fundaron el Club en casa de José María Alted: un espíritu de juego limpio y convivencia. Algo que se comprobó en Agost, cuando, jugándose el Agostense el ascenso, intentó primar a nuestro equipo para que se dejara perder. Pedro, hombre firme en esas convicciones que basaron el juego del Sagrado desde sus principios, no dejó cobrar la prima. Finalmente, acabó perdiéndose, pero todos podían volver con la cabeza bien alta.

Otra anécdota a destacar fue la acontecida en Onil, donde se suspendió el partido porque el árbitro de congeló por el frío. Había quince centímetros de nieve y el balón no rodaba en condiciones, sino que iba haciéndose, como si fuera un alud, una bola cada vez más grande de nieve. Los jugadores salieron de los vestuarios con toda la ropa puesta y, encima, la camiseta del equipo. Por su parte, el árbitro iba únicamente con camiseta de manga corta y un pantaloncito estrecho, también corto, lo que provocó su enfriamiento y la consecuente suspensión.

Durante sus casi cuarenta años de historia, el Club Deportivo Sagrado Corazón fue testigo del paso de numerosos niños y chicos por sus filas. A eso se le suman los padres y demás familiares y, por extensión, todo el pueblo de Novelda que, durante varios años, pudo disfrutar con la rivalidad futbolística del Sagrado y el Novelda Club de Fútbol. Todas las temporadas, los torneos y los partidos disputados suman infinidad de jugadores, cientos de personas en labores técnicas, numerosas anécdotas. No pueden caber todas aquí, al igual que es difícil nombrar a todas las personas que alguna vez estuvieron involucradas en el Club sin dejarse alguna en el tintero. Por ello hemos de lanzar un agradecimiento general. Cada uno, en su interior, evoca aquellas vivencias, quizá de su juventud, recorriendo la provincia llevado por la pasión del deporte y el fútbol. Cada uno, de igual manera, tiene palabras sinceras de emoción y recuerdo para entrenadores y amigos. Por mi parte, que no vi jugar al Sagrado Corazón y todo lo que sé de él es por fotografías y comentarios, he de expresar el reconocimiento a aquellas personas, encabezadas por José María López, que fundaron el Club a finales de los años 40. Un club que llevó siempre la bandera de la convivencia y el compañerismo, inaugurando una manera de hacer rodar por cualquier terreno de cualquier ciudad el espíritu de todo un barrio, el Sagrado Corazón.

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Sobre mí

Sobre mí

Sergio Mira Jordán (Novelda, 1983) es profesor, escritor y músico. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, ha compuesto una decena de piezas para banda de música y ha escrito las novelas «La mirada del perro», «El asesino del pentagrama» (Cuadernos del Laberinto, 2012) y «El repicar monótono del agua» (Meracovia, 2016).

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