Buscar un nuevo desenlace

img_1472Cuando aún no existía el cine, Eugène Scribe inventó las reglas de lo que más tarde se consideraría un «blockbuster». Era 1820 y faltaban muchos años para que el invento de los hermanos Lumière triunfara en todo el mundo para ponerle imágenes y música (e incluso, décadas después, voces y palabras) a nuestros sentimientos y emociones, pero Scribe utilizó sus reglas una y otra vez para hacerse multimillonario en el París de la época con obras de teatro que copiaban un mismo y exitoso modelo. Pero ni Scribe ni otros teóricos del guión cinematográfico como Syd Field (ni siquiera Aristóteles, que fue el primero que se puso a teorizar sobre escritura) podrían haber anticipado el punto de giro que la crisis interna del PSOE tomó el domingo 23 de octubre.

Decía Eugène Scribe que las escenas (él hablaba de teatro, no por nada escribió unas quinientas obras) debían sucederse siguiendo la estricta lógica de causa y efecto. Algunos sitúan el inicio de la crisis del PSOE en aquel fatídico agosto de 2011 en el que el presidente Zapatero se plegó a unos intereses que quedaban fuera de nuestras fronteras y se modificó el artículo 135 de la Constitución. Otros lo ven mucho más atrás, cuando del «OTAN: de entrada No» se pasó al Sí. Sea como fuere, la lógica de la causa-efecto se cumple ahora a la perfección y, como suele decirse, de aquellos polvos estos lodos. La segunda regla del éxito de una historia para el académico francés del XIX era que hubiera un adversario que se opusiera a los deseos y necesidades del protagonista. El socialismo español ha ido más allá, buscando el enemigo en la misma casa. Como en los mejores culebrones venezolanos, no hace falta que el antagonista sea un viejo terrateniente de mente obtusa porque siempre es más sorprendente que, de pronto, aparezca una prima tercera que irrumpa en la cena navideña para pedir la herencia que le pertenece. Así se cumple la tercera regla de Scribe: hay que procurar que el interés de la historia se vaya haciendo mayor a medida que el guión avance, usando de forma precisa el suspense, la sorpresa y ciertas revelaciones. Y aque domingo hubo de todo eso a grandes dosis, multiplicado por el efecto Twitter. La tragedia del PSOE está bien engarzada y, como todo efecto tiene su causa, llegamos a la cuarta norma: tras el clímax, el punto más bajo en la historia de nuestro protagonista, solo queda remontar.

La división tripartita de la narración es algo que se pierde en la noche de los tiempos. Está en todas las historias que la literatura universal se ha encargado de transmitir durante generaciones, desde el Poema de Gilgamesh a Don Quijote de la Mancha, de la Odisea a La Metamorfosis, de Edipo rey a La vida es sueño. Necesitamos un planteamiento, una complicación y un clímax que preceda a la solución. El cine copió esa fórmula. Ahora depende del PSOE que el desenlace de esta historia no sea la desaparición de un partido centenario que ha sido responsable de algunos de los principales avances sociales de las últimas décadas. Quizá haya llegado el momento de reinventarse y renovarse, de empezar de cero y desde cero. Con caras nuevas y un discurso diferente. Reconociendo errores, aceptando culpas y mirando al frente. Y, ya saben: en ocasiones, para mirar al frente hay que saber también ver a los lados.

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