Desde las vísceras
15 de marzo de 2019 DIARIO INFORMACIÓN

Es 22 de junio de 1954. Una fresca tarde de invierno, pues estamos en Nueva Zelanda. Pauline Parker, de quince años, sale a pasear con su madre y con su amiga Juliet Hulme, que tiene un año más. Si nos retrotraemos unas semanas, escucharemos la violencia verbal en casa de los Parker, las discusiones, las lágrimas. El motivo era la relación sentimental entre las dos jóvenes, algo que, para aquella época, era un oprobio. Se acabaron entonces los sueños de vivir juntas en Estados Unidos, de ser escritoras famosas, de vivir, a fin de cuentas, la vida que no podían compartir estando en aquel remoto lugar que les cortaba las alas de sus sueños y de su amor. Los padres decidieron que podrían pasar diez días juntas, solo diez días, a modo de despedida.

La tarde del 22 de junio, a las afueras de la ciudad de Christchurch, Pauline, utilizando un ladrillo metido dentro de un calcetín, asesinó a su madre, Honorah Rieper, ayudada por Juliet. La policía descubrió más tarde el cadáver con cuarenta y cinco heridas en la cabeza y otras más en las manos. Pauline lo contaba así en su diario personal: «Es uno de los principales obstáculos de mi camino. La próxima vez que escriba, mi madre habrá muerto. ¡Qué extraño sentimiento de placer!».

El 29 de agosto de 1954 fueron declaradas culpables. Como eran menores de edad no las sentenciaron a muerte, pero sí recibieron un estricto tratamiento psiquiátrico. Cinco años después, ambas obtuvieron la libertad. Hoy, Juliet Hulme se hace llamar Anne Perry y es una reconocida escritora de novela negra. La Reina del Crimen Victoriano. Ha publicado cerca de ochenta novelas y recibido varios premios por su labor literaria.

Estas semanas se está hablando mucho en prensa de Pilar Baeza, candidata a las primarias de Podemos a la Alcaldía de Ávila. En agosto de 1985, Pilar, que entonces contaba con veintitrés años, le contó a su novio, Manuel García, que un amigo de este, Manuel López, la había violado. Los dos decidieron vengarse. Llamaron a un tercero, Juan Carlos Torres, se llevaron de copas a Manuel López por Madrid y, después, fueron a un descampado. Allí, con una escopeta proporcionada por Pilar, sacada de la armería de sus padres, le pegaron cuatro tiros y luego lanzaron el cuerpo a un pozo. Baeza fue condenada a treinta años de prisión. Cumplió siete, en la prisión provincial de Ávila.

El debate sobre si es ético o no que Pilar (una persona, recordémoslo, totalmente integrada en la sociedad, que ha cumplido con la justicia y que es libre de hacer lo que le plazca con todas las de la ley y la Constitución) pueda llegar a cobrar un sueldo público como alcaldesa quizá no se parezca demasiado al debate sobre si nos parece ético o no que Anne Perry se pasee por el mundo firmando novelas criminales, pues nadie te obliga a comprarlas ni a leerlas.

La familia de Manuel López dice ahora que en la sentencia no se prueba ninguna violación, pero están en todo su derecho de quejarse y protestar, máxime cuando todo (el dolor por la pérdida, el recuerdo de la víctima) vuelve a aflorar treinta y cuatro años después. Tampoco sé qué pensarán de todo ese éxito literario los familiares de Honorah Rieper. De hecho, es un debate del que solo está sacando partido la prensa y los medios de comunicación, que están paseando ya a los distintos implicados por platós de televisión y estudios de radio. Dependiendo del pie con que cojea cada medio, así llaman a unos o a otros. Para la derecha, Pilar Baeza es una buena diana contra Podemos, Pablo Iglesias y Echenique. «Pretender elegir a una asesina», claman. Para la izquierda, es un éxito ejemplar de reinserción. Como en todo, puede que en el medio esté la virtud, para así alejar el odio visceral al contrario que rezuma toda esta situación.

A lo mejor no es más que una cuestión de dinero público. Quizá, si Pilar Baeza hubiera decidido, en vez de tomar conciencia política, a sabiendas de que su pasado saldría a la luz, escribir una novela contando aquel crimen, nos parecería mejor. ¿Es posible? Después de todo, Andrés Rabadán, que asesinó a sus padres con una ballesta en 1994 cuando tenía 21 años, escribió y publicó Historias desde la cárcel (2003) y, seis años después, Las dos vidas de Rabadán en una editorial de libros ilustrados.

Y si tanto nos parece bien que Pilar Baeza pueda llegar a ser diputada, ¿cómo veríamos que, no sé, pongamos treinta años, José Enrique Abuín, alias «El Chicle», o Ana Julia Quezada, la asesina del niño Gabriel, fueran cabeza de cartel por cualquier formación política? ¿O cómo nos sentaría que Miguel Ricart, el único condenado por el triple crimen de Alcàsser, que ya cumplió su condena, se presentara el 26 de mayo a las municipales de ese pueblo valenciano? Como les decía, muchas cuestiones éticas, aunque de momento tan solo hemos escuchado palabrería hueca y opiniones desde el estómago.

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