Múltiple

IMG_1570Salgo de ver Múltiple (el último largometraje de ese director de apellido impronunciable que nos engatusó con El sexto sentido) y, después de confirmar con mi pareja que estamos ante un auténtico peliculón, buceo en internet para ver cómo ha caído entre el resto del público. Vaya por delante que un servidor es muy dado a considerar «peliculones» cintas que a otras personas solo les provocaron bostezos interminables. Podría ponerles la relación que, a bote pronto, me viene a la cabeza, pero quizá sonrojara a algún crítico o entendido y, en cualquier caso, ya se sabe la respuesta a aquella pregunta acerca del parecido entre las opiniones y las posaderas: que todos tenemos una.

La película de M. Night Shyamalan es de esas que te deja sentado a la butaca un buen rato, incluso cuando ya has abandonado la sala de cine: sobriedad (lógica) en los créditos iniciales, interpretaciones magníficas (James McAvoy está soberbio, convincente en todos sus diversos papeles; la veterana Betty Buckley, magistral; y del trío de adolescentes salvaremos a la coprotagonista, pero solo en las analepsis, cuando era otra actriz la que hacía el papel de Casey), música justa y un guión trabajado que soporta la tensión dramática en todo momento. Y luego, para rematar el círculo, ese minuto final en el que la boca se abre, brota la sonrisa y piensas: «qué genio, lo ha vuelto a hacer».

Split

Las críticas negativas que ha recibido la película se centran en lo mismo: que no es una historia completamente cerrada. Como si eso fuera algo a despreciar. Una buena película, así como también una buena novela, es, para mí, esa que dice más de lo que verdaderamente enseña. Ahí está la importancia del subtexo. Es algo que, para los que nos dedicamos a la narrativa, dentro y fuera de las aulas, nos cuesta mucho transmitir, sobre todo a la hora de las sesiones de escritura creativa. Porque todos podemos contar de qué va una obra y relatar su argumento, pero a veces es difícil captar lo que nos quiere decir realmente el autor. Y más cuando se rehuye del recurso pobre (pero tan extendido, ahí tenemos a Pedro Almodóvar) de colocar a un personaje contándole al público (casi siempre con un primer plano mirando a cámara) lo que se quiere expresar.

Entiendo que, en estos tiempos de dobles pantallas en los que es difícil permanecer con la mirada fija en un lugar durante dos horas, una película que requiere de todos nuestros sentidos para embriagarnos y llevarnos a un miniuniverso agobiante tenga serias dificultades para colarse en nuestra cabeza, y menos permanecer algún tiempo. Pero Múltiple lo ha conseguido.

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