Música y literatura
Noviembre de 2017   REVISTA DE SANTA CECILIA

El Hortus deliciarum, escrito por la monja alsaciana Herrada de Landsberg en el siglo XII, se considera la primera enciclopedia escrita por una mujer. El manuscrito contiene (o contenía, porque el original se perdió durante la guerra franco-prusiana, al quemarse, en 1870, la biblioteca de Estrasburgo en que se conservaba, y solo nos ha llegado a la actualidad a través de las copias que se hicieron a principios del siglo XIX) más de trescientas ilustraciones que recogen el saber de la época: música, poemas y, lo principal, textos pedagógicos —teológicos y filosóficos— dirigidos a las novicias del convento de Mont Sainte-Odile.

Hortus_Deliciarum,_Die_Philosophie_mit_den_sieben_freien_Künsten

Una de las ilustraciones más conocidas del manuscrito representa las siete artes liberales de la Antigüedad; es decir, aquellas que podían desarrollar los hombres libres: rodeando a la Filosofía se encuentran la gramática, la retórica, la dialéctica (que formaban el trivium), la astronomía, la geometría, la aritmética y la música (que se agrupaban en el quadrivium), en sus representaciones icónicas y con sus respectivos atributos.

Estamos, básicamente, ante la eterna separación entre humanidades y ciencias, con la música en la parte de las matemáticas. Porque, a pesar de ser una disciplina en la que la inspiración hace posible que la rueda empiece a girar, es innegable que todo lo que tiene que ver con ella es pura matemática: la relación entre el valor de las notas, el tiempo de los compases.

Sin embargo, la música también está próxima a las humanidades, y sobre todo a la poesía, pues en ambas disciplinas es necesario la puesta en valor del ritmo y la necesidad de tener unos determinados conocimientos antes de sentarse ante la mesa de la creación. Aunque en esto también estamos yendo hacia atrás. Hubo una época en la que el objeto final era el resultado de un proceso larguísimo de prueba-error que culminaba toda una vida de aprendizaje, de estudio, de apreciación de la realidad; incluso de copia. Así nos llegaron las obras pictóricas, las esculturas, las construcciones… Y también las novelas y los poemas, que eran el resultado de años de lectura y estudio de los clásicos. Hoy en día, cualquiera que tenga el Word instalado puede sentirse escritor, terminar la novela de su vida (la pretendida «novela de nuestras vidas») y publicarla en Amazon. Puede que ese escribidor, que lee poco, además, porque lo suyo es escribir y la inspiración le hace estar sentado ante el teclado horas y horas, se descargue algún programa (Scrivener es el mejor para mí) que le ayude a sentirse aún más novelista. Quizá no se atreva con la poesía, pues todo eso de contar sílabas y encontrar rimas consonantes le parece arcaico. Pero le sube la moral cuando visita la mesa de novedades de cualquier librería y ve la multitud de cantantes o youtubers que publican versos. Y lo intenta. No le saldrá un soneto, pero llenará algunas páginas con sentimientos e intimidades, porque ¿qué es la poesía si no sentimientos e intimidades?

La música quedaba al margen de toda esta debacle. Por mucho Auto-Tune que uno tuviera, si no sabías solfeo, armonía y composición difícilmente podías crear algo. Ya podías pasarte horas frente al Sibelius; nunca brotaba una sinfonía. Aunque hubieras escuchado todas las sinfonías habidas y por haber.

Por eso siempre me ha parecido necesario que nuestro sistema educativo tienda a esa unidad que sí había en la Edad Media y en el Renacimiento, donde un alumno recibía un compendio generalizado de artes y luego destacaba o no en una de ellas. En la actualidad, debido a la ansiada practicidad por un lado («¿para qué estudiar una rama humanística si con las ciencias voy a ganar más dinero?»), y, por otro lado, derivada de lo anterior, a la denostación de las letras, la música, la filosofía y la literatura están relegadas a un segundo plano, quizá ya al tercero, detrás de las posibilidades que tiene ganarse la vida con los juegos en línea. ¿Por qué no se enseña armonía en los colegios? ¿O escritura creativa? ¿Por qué no se enseña a oír música? ¿A declamar poemas? ¿Por qué no se enseña a pensar?

Site Footer

Sliding Sidebar

Sobre mí

Sobre mí

Sergio Mira Jordán (Novelda, 1983) es profesor, escritor y músico. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, ha compuesto una decena de piezas para banda de música y ha escrito las novelas «La mirada del perro», «El asesino del pentagrama» (Cuadernos del Laberinto, 2012) y «El repicar monótono del agua» (Meracovia, 2016).

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies