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Morella Negra: diario de viaje

Mi participación en Morella Negra (una mesa redonda con Eduardo Fernán-López moderados por Charo González) empezó meses atrás.

Mi editor, Gregori Dolz, me notificó que la organización de Morella Negra requería mi presencia. Después de solventar los problemas que acarrea vivir a dos mil kilómetros de la península, confirmé. Entonces me contactaron Jorge , el comisario del festival, y Nancy, la inspectora de asuntos internos. Bárbaros ambos, a los que debo sumar a María José, la terna de organizadores de esta maravillosa locura. Billetes de avión, transfer, taxi, hotel, tickets de comida y cena… Una organización que fluye como la seda y que da una tranquilidad apabullante. Mi más sincera enhorabuena porque así da gusto.

28 de marzo

Tocaba madrugar. El viaje es exprés, así que en la maleta poca cosa. Eso sí, muchas capas, a lo cebolla, porque aunque se preveía un clima favorable, en Gran Canaria estuvimos el viernes a 23 grados (aunque con mucho viento fresco). Los como mucho 12 grados en Morella que daba la previsión (¡y 2 grados por la mañana!) me obligaron a rescatar el abrigo.

Transbordo en Madrid y a las cuatro y cuarto llegué a Valencia, donde me esperaban casi dos horas en un SUV de Peugeot conducido por un simpático chaval con el que me puse al día de deportes, crianza, educación… Un viaje ameno.

Finalmente, una curva más y, a lo lejos, Morella. Espectacular el recibimiento visual. Uno de esos pueblos con mucho encanto. Calles estrechas, empinadas, empedradas. Tras dar con el hotel (no era donde me dejaron, sino otro, no pasa nada, vino el «comisario» Jorge a recogerme y llevarme al Rey don Jaime) y reposar unos segundos, me dirigí calle abajo hacia la Casa de Cultura, junto al Ayuntamiento donde tenían lugar los encuentros.

Llegué a tiempo para saludar a mi editor, mis compañeros de mesa del domingo y ver el final de la mesa redonda «Algún hecho, ciertas consecuencias», con libros relacionados o inspirados con sucesos de la Guerra Civil. Participaban Leticia Sierra (autora de Lo que oculta la tierra), Luis García Jambrino (con El último caso de Unamuno) y David Casals-Roma (presentando Donde mueren los gigantes), todos ellos moderados por la periodista Laura González.

Con varios de ellos coincidí en la cena (espectacular, de lujo) posterior.

Antes de eso tuve tiempo para felicitar a los flamantes ganadores del Premio Tuber 2025 a la mejor primera novela negra . Fue para la obra Hija de la ira, escrita por Ana Rojas y Pablo Escribano.

Sin tiempo para respirar, se sentaban en el escenario Toni Hill y Carlos Bassas (dos cracks en lo suyo) para charlar sobre los psicópatas y la pulsión de matar, moderados por Alberto Valle. Un interesante coloquio sobre si el psicópata nace o se hace y cómo presentarlos (al final, mucha investigación, mucha documentación con criminólogos) sobre el papel.

La firma posterior fue en la sala de exposiciones de la casa de cultura, donde pude ver algunos fósiles de dinosaurios y enterarme de que la zona está plagada de yacimientos. Además, durante las firmas, todos los días se maridaba con vino de la tierra y pinchos elaborados con trufa de la zona. Porque la trufa negra (de la variedad melanosporum) y la novela ídem están íntimamente ligadas en este festival.

1 de marzo

Tocaba madrugar. Tras el desayuno bufé, cuesta arriba hacia el convento de los franciscanos, donde pude asistir unos minutos a una visita por parte de Ramiro, arqueólogo y guía de la Comunitat Valenciana.

A las 11:00 h, todo preparado para la mesa redonda. A Eduardo lo conocí en el Gaditanoir; a Charo, de BCN. Estábamos entre amigos y la charla discurrió sobre cómo se presenta el mar en nuestras novelas. La de Eduardo (El balanceo del Alacrán) inaugura una prometedora serie sobre el inspector Tristán Negreira con un caso basado en un hecho real: el naufragio de un pesquero en costas atlánticas. Muy buena novela. Es un gustazo verlo triunfar y no parar de firmar durante minutos y minutos. Esperando la siguiente.

La última mesa redonda del festival reunió a Rosa Ribas y Leticia Cardona, que, moderados por Santiago Álvarez, hablaron sobre sagas literarias. O series. O sagas-series. O series-sagas. Una mesa muy interesante que me tocaba de lleno, porque yo venía a hablar de Mate de dos alfiles, segunda de la serie del subinspector Juárez y la agente Calderín, que espero que sea larga y fructífera.

Tras las firmas y una comida rapidísima, el taxi nos recogió a Leticia, Eduardo y a mí y nos llevó a la estación (ellos) y al aeropuerto (yo). Dos días en Morella, ciudad a la que nunca había ido, para respirar aire puro, conversar de buenos libros y mejores escritores y desear que pase el año para regresar. Gracias a la organización por hacerlo posible y enhorabuena a todos los implicados.

Dejo las fotos del domingo:

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