Hoy se publicaron los finalistas del esperadísimo (nótese la ironía) Premio AENA de narrativa hispanoamericana. Un millón de euros para el ganador, que no es moco de pavo. Y treinta mil para los demás, que también está bien. Comparto dos noticias, de El País y el ABC, que se hacen eco de la rueda de prensa.


Vaya por delante mi enhorabuena a los elegidos, Enrique Vila-Matas, Marcos Giralt Torrente, Nona Fernández, Héctor Abad Faciolince y Samanta Schweblin. Cinco autores consagrados y reconocidos por la crítica. Tres sudamericanos, dos españoles. Tres hombres, dos mujeres. Cuatro autores de grandes grupos (dos de Planeta, dos de Penguin, para que no se enfaden), uno de una editorial «independiente» (ponle las comillas que hagan falta). No me queda claro todavía cuál es el objetivo del Premiazo Aena (o el Aenazo). ¿Fomentar (aún más) los grandes grupos editoriales? ¿Fomentar (aún más) a los autores consagrados? Con el millón y pico de euros destinado a comprar miles de ejemplares de los finalistas, estos autores (que ya venden) van a vender aún más. Pues bien. Enhorabuena. Hace unas semanas leía un artículo en Babelia, suplemento cultural de El País, con la justificación de este premio.
Me recuerda al estreno de un concurso televisivo (y sí, estoy pensando en el Trivial Pursuit que echan por La 1): en el primer programa, el concursante, enterado o no, actor o no, gana el bote inicial para atraer la atención y que las siguientes ediciones sean más «justas». ¿Pasará algo así en el posible Premio AENA que se falle con las novelas publicadas este 2026? A no ser que todo sea flor de un día. Como diría la canción: «lo dudo», aunque quiero pensar que sí. Más que nada por lo que me toca.
Como sabes, mi última novela, Mate de dos alfiles, competiría el año que viene, pero tú y yo y, parafraseando a Martín Llade en el concierto de Año Nuevo, la vecina del 5.º de tu suegra, el niño sonriente con su patinete nuevo y el anciano que viene de comprar el pan…, todo el mundo sabe que ningún autor estrictamente independiente va a ganar ese premio jamás de los jamases.
Entonces, y volviendo a la justificación en forma de artículo del presidente de AENA, ¿de qué mecenazgo estamos hablando? Esto no es mecenazgo. Esto es darle un empujoncito a quien ya tiene más de media carrera recorrida.
En fin, tocará acostumbrarse a este nuevo mecenazgo del siglo XXI.


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