Sergio Mira Jordán

Reseña de «La invención del sonido»

Acaba de publicarse el último libro de Chuck Palahniuk: La invención del sonido, en Random House. El autor de El club de la lucha, Asfixia, Rant, Nana y otras muchas novelas lo ha vuelto a hacer: un directo al estómago y una crítica a todo lo que se mueva.

En La invención del sonido seguimos a Gates Foster y Mitzi Ives. Gates Foster perdió a su hija hace diecisiete años y ahora la busca en cualquier parte: en los cartones de leche, en las webs donde pedófilos de todas partes dan rienda suelta a sus macabras fantasías, en las colas de los aeropuertos… Por su parte, Mitzi Ives se gana la vida —y bastante bien— creando sonidos para el cine, pero, como una nueva Tyler Durden, por las noches, sumida por el efecto de las pastillas, fabrica esos mismos sonidos descuartizando a personas aleatorias con las que se cruza. O eso cree ella. En otra referencia a la primera novela de Palahniuk es el edificio Parker-Morris, donde trabajaba Foster y donde desapareció Lucinda, el mismo lugar en cuya azotea el narrador de Fight club tiene una pistola en la boca.

Desde el inicio de la novela, todas las cartas están sobre la mesa. Por ejemplo, Foster y Mitzi coinciden en un bar, pero no terminan de verse. Él está con Robb, el líder del grupo que lo ayuda a sobrellevar la desaparición de su hija (más guiños a El club de la lucha). Ella con Schlo, el productor que le encarga su nueva «creación». Se fijan en lo que sucede en la mesa de al lado (un sobre que va y viene; ¿le ha dado ese tipo una pistola al otro?), pero no es más que otro desconocido más, uno de los muchos con los que nos cruzamos cada día. Pero sabemos que volverán a encontrarse y que sus vidas están relacionadas de algún modo que solo comprenderemos hacia el final de la segunda parte del libro.

Mientras tanto, Mitzi y Foster buscan. Cada uno algo diferente (Foster, a su hija; Mitzi, el grito perfecto), pero en el fondo también se buscan a sí mismos y al otro. Solo que no lo saben.

Igualmente, ambos son unos mentirosos. Los dos mienten y lo saben y se engañan. Mitzi con las drogas. Foster alquilando por horas hijas de pega con las que ir a cenar o pasear a doscientos dólares la hora. Asimismo, ambos engañan a quienes tienen más cerca: Jimmy, el novio de Mitzi; y Robb, el líder del grupo al que acude Foster. Y esa es otra. En las novelas de Palahniuk, los personajes secundarios están trabajados como si fueran principales y bien podría hacerse de ellos otra novela: el doctor Adamah, la actriz Blush Gentry, los mencionados Jimmy y Robb.

Con todos esos elementos, Palahniuk construye una sátira de Hollywood, de la sociedad de consumo y de un capitalismo que es capaz de ponerle precio a cualquier cosa. El final es brutal, al más puro estilo Palahniuk. Es lo mejor que leo de él en mucho tiempo. Totalmente recomendable y totalmente adictiva.


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