The day the music died

El 3 de febrero de 1959 murió la música.

En esa madrugada fría de nieve y viento, la pequeña ciudad de Clear Lake (Iowa) pasó a la historia por el accidente aéreo en el que murieron, junto al piloto Roger Peterson, los músicos de rock and roll Buddy Holly, Ritchie Valens y Jiles Perry Richardson Jr. , más conocido como The Big Bopper. Acababan de dar un concierto dentro de su gira Winter Dance Party e iban hacia la siguiente parada, en Moorhead (Minnesota).

En 1971, Don McLean compuso la archiconocida canción «American Pie» y la frase «The day the music died» se convirtió en leyenda.

Era una canción que lo tenía todo en contra, empezando por su larguísima duración (para los cánones de entonces y para los de ahora), ocho minutos y medio, y por su extensa y compleja letra (seis estrofas), pero triunfó y se convirtió en casi —o sin el casi— un himno para varias generaciones.

Hoy he visto el documental homónimo (dirigido por Mark Moormann, 2022, producido por MTV y distribuido por Paramount+), creado para conmemorar los cincuenta años de la que dicen que es la mejor canción de la historia, aunque ya sabemos que los estadounidenses son muy dados a confundir la historia con su historia.

Mientras veía la película, en la que el mismo Don McLean hace de narrador y conductor de la trama, y donde también aparecen el productor de la canción, Ed Freeman, músicos de distintas décadas y la hermana de Ritchie Valens, autor de «La Bamba», me preguntaba si en España tenemos algo parecido; es decir, una canción que, después de cincuenta años o más desde su composición, siga manteniéndose fresca a nuestros oídos.

Nos iríamos, pues, al año 1972 como límite, y es una pena porque dejaríamos fuera «Eres tú», de Mocedades, que me encanta.

Como hacía mi añorado Joaquín Luqui en aquellas mañanas de mi adolescencia en Los 40 Principales, haré un 3, 2 o 1. Los criterios que he seguido son el gusto personal, que tuvieran diversidad de versiones en estilos variados y que todavía puedan ser escuchadas sin causar sonrojo (lo que también supone una opinión personal), además de que la letra tuviera una profundidad con ánimo de trascender (sí, «Un rayo de sol» y «Black is black» se han quedado fuera).

En tercera posición tendríamos «Yo no soy esa», de Mari Trini, exitazo de su tercer disco, publicado en 1971, que llegó a ser número 1 de Los 40 durante seis semanas y que hoy, más de cincuenta años después, todavía resuena como lo que fue en su momento: un himno del feminismo y de la mujer liberada.

En segunda posición, «Un beso y una flor», de José Luis Armenteros y Pablo Herrero, e interpretada por Nino Bravo, versionada decenas de veces desde que apareció en 1972 y número 1 de Los 40 durante un mes de esa primavera.

En el primer puesto no podía estar otra que «Mediterráneo», de Joan Manuel Serrat, publicada en 1971, que abría su octavo álbum. Un tema por el que tampoco pasan los años y que, para cualquiera que haya nacido a los pies del mar, despierta sentimientos que nos retrotraen a la infancia.

Bonus track para el «Himno a la alegría», popularizada en 1970 por Miguel Ríos, con adaptación de la letra de Amado Regueiro Rodríguez y arreglos musicales de Waldo de los Ríos a partir de la Sinfonía n.º 9 de Beethoven.

Y tú, ¿qué canciones añadirías?

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